domingo, 11 de junio de 2017

Carlos Andrés Acosta Díaz. Los poemas

Poemas de Epifanio Andrés 

Malos vicios 

Con corbata y pantalón de lino
es doctor el elefante.

En la selva todos lo respetan.
Él, toma el agua del aljibe
y les devuelve calientita orina.

A ellos les gusta
y a cambio de los favores recibidos
por lo general 
lo remuneran económicamente.

Al elefante
le gusta menear su trasero
como todo un buen señor de fina estampa
y olerse a todos los ratones de los dientes
por si alguno lleva consigo algún tesoro.

Además, tiene hijos desconocidos con elefantas varias.

Bebe alcohol de palma
y se empalma contra la cascada
antes roseada por su beligerante moco.

Mi madre me ha dicho que beber, fumar y dormir
son malos vicios.
Yo quiero ser doctor
y si me vuelven a decir mal vicio
los aplasto
como tú, un buen hijo desconocido del elefante.

Poema del feo

Es aquel
que sin entenderlo
vive entre los bonitos.
Parece no reconocer
por qué sus líneas 
pertenecen a otro tipo de libro.




Cuando sobre el horizonte recaen las dudas

A la memoria de Carlitos Pedraza

Si por alguna circunstancia lo miras de soslayo
recuerda que antes ocupó un lugar en este mundo.
Las mujeres más bellas lo juzgaban debido a su perfecta manera de bailar:
la curvatura de los pasos y señuelos que dejaba en el aire.
Como brisa de terciopelo
sobre campos majestuosos baldíos
pensó que un espíritu como él nunca lograría evaporarse
o que el miedo habitara en lo más profundo del misterio,
pero la desgracia infinita llegó cual familiar impregnado de belleza
y ahora, entes y pensamientos angustiados
ruegan y se ocultan tras las sombras
amparados en la zozobra
un golpe de suerte o la magia del silencio.


Noche 

Era una noche tenebrosa
las candilejas arropaban a la ausencia
y nada había que calmara el llanto de los niños.
¡Atención!, no se detengan en éste lugar
extraños espíritus aún
después de tanto tiempo
custodian la tierra y los cultivos.
Cultivos de sangre y atrocidad.
Tierra manchada, ajena, horrorizada,
en aquella noche
más pálida que un hospital psiquíatrico.
Llena de silencio
ocultismo para todo aquel
preso en una vivencia, en la parca truculenta
previamente y sigilosa
organización para el miedo.


                                                                             Epifanio Andrés

sábado, 10 de junio de 2017

Carlos Andrés Acosta Díaz. La entrevista

Andrés Acosta, nos presenta en un breve texto su apreciación, sus opiniones y su quehacer poético. 

Señalo en su poesía la sencillez de sus palabras, la claridad en los conceptos, la nostalgia. En sus poemas no hay más pretensión que trasmitir, ser la voz (o parte de ese coro) que plantean los miedos, las inquietudes y las esperanzas de una generación nacida  en el caos y la incertidumbre.

Bienvenido Andrés al espacio Claroscuro. 



Buenos tiempos para todos. Soy Epifanio Andrés. Con nombre de pila Carlos Andrés Acosta Díaz. Pseudónimo quizá conocido de Epifanio Tocarruncho. Nombrado como Epi. Identificado virtualmente como Epifanio Andrés Acosta Díaz. Para mis amigos más cercanos "el Barbas". Un humano que ha escrito algunos poemas y que, en esta oportunidad, se atreve a hablar sobre la poesía.

Empezaré por dar a conocer mi punto de vista sobre la poesía: la poesía es un estado de la vida, donde quienes la leemos con frecuencia y, además, nos atrevemos a escribirla, constantemente sentimos una necesidad de ella. Por otro lado, para quienes no gustan mucho de la poesía, creo que muy en su interior saben que los acompaña y de una u otra forma la necesitan, quizá por ello la buscan en religiones, músicas, aficiones, modas, inclinaciones. Así las cosas, la poesía, siendo un estado de la vida, es fuerza vital, en constante movimiento, un viento que le permite a los humanos encontrarse, de una u otra forma, con su intimidad, no por nada se ha pensado históricamente que la poesía es amor-reflexión, y en más de una ocasión, con todo y nuestros escudos sociales, hemos sentido cariño y necesidad de discutir sobre lo que sucede en el mundo.

Ahora bien, considerando a la poesía como un estado de la vida, creo que me motiva a escribir la necesidad por decir. Escribo poemas para encontrar una voz que comunique no sólo una serie de ideas o pensamientos, sino porque esa voz reflejará con cierta emoción qué sucede en mi momento histórico y cómo siento y percibo junto a los otros. Creo además que me motiva a escribir una lucha constante que debe darse en estos tiempos donde escribir y pensar cada día pierde sentido, es más, el sentido que quizá se alcanzó en un periodo de la historia muy ínfimo que llamamos Ilustración, pero que no alcanzó a tocar a la humanidad, porque la lectura y la escritura de cualquier tipo, se globalizó acompañada de la banalidad y la ostentosa obtención de objetos.

Me encontré con la poesía, a la par que conocí al poeta Andrés Barbosa Vivas. Sucedió en la Universidad Pedagógica Nacional durante el segundo semestre del 2007. Anteriormente había resaltado que todo humano en lo más profundo de lo que también podríamos conocer como subconsciente, siente la poesía y Andrés Barbosa Vivas me permitió con pensamiento crítico y sensibilidad, identificar ese encuentro con la poesía. Acompañado de esto empezó una lectura rigurosa y divertida de poetas con propuesta: Jaime Jaramillo Escobar, Arthur Rimbaud, Robinson Quintero Ossa, Wiñay Mallki, María Mercedes Carranza, entre otros que hoy día continúan seduciéndome.

Busco en la poesía mi alter ego, situación que hasta este momento identifiqué, porque llevo algún tiempo leyendo y escribiendo poemas, pero no me lo había preguntado. Durante este tiempo, de mi alter ego he visto en la poesía: diversión, reflexión, voces históricas, pensamiento crítico, pasión, ideas, sensibilidad sensitiva.

La poesía me ha llevado a publicar algunos poemas, sensibilizar los sentidos para pensar críticamente y a conocer otras latitudes. No mentiré diciendo que la poesía me ha llevado a encontrar sentido a mi vida, o a edificarla como a un Dios, o simplemente reducirla-ampliarla a que es mi vida. Creo que la poesía generalmente se ha relacionado únicamente al poema, pero sin lugar a dudas es dable encontrarla en otros lugares, tanto así que, al ver una obra de teatro o un cuadro o una interpretación musical, nos atrevemos a decir ¡qué poesía! ,¡cómo me ha cautivado!

Continuando con la entrevista, diré que prefiero evadir la pregunta que refiere a la palabra con la que me identifico, esto porque la particularidad de una palabra puede llevarme a la contradicción, por ello, enunciaré brevemente cuáles han sido mis influencias poéticas en un orden histórico: sin lugar a dudas, mi primera influencia poética fue Andrés Barbosa Vivas y su espíritu crítico. Luego, las experiencias de vida que desde ese momento me dieron material para escribir, (la familia, los amigos, el barrio, la universidad, la eterna política fraudulenta, el medio ambiente, el amor, la rabia, los paseos), aquellas que tocaron mi sensibilidad para sentir que debía escribir con un tono particular señalando que YO estaba hablando y fomentando algo de lo que sucedía en el mundo. Así las cosas, tuve la necesidad de empezar a leer, encontrando poetas que de una u otra manera sentían como yo, poetas que hoy señalo para ser leídos: Rafael Courtoisie, Andrés Barbosa Vivas, Wiñay Mallki, Elicura Chihuailaf, María Mercedes Carranza, Carolina Calvo, Paola Cadena, Jaime Jaramillo Escobar, Raúl Gómez Jattin, Arthur Rimbaud, Winston Morales Chavarro, Gabriel García Márquez, Flobert Zapata, Omar Garzón, Pablo Neruda, Amado Nervo, entre tantos más. Añadido a lo anterior, la música tuvo y ha tenido gran influencia en lo que escribo, porque en el momento que empiezo a leer y a escribir poemas, el rock y el metal hacían parte de mis cotidianos sentires musicales; varios poemas tuvieron sus matices y fuerza al escribir, al punto que creía que al leerlos era como si me acompañara todo un concierto en tal labor. Actualmente, escribo poemas con la misma iniciativa que hace diez años, claro, con mayores dificultades porque me cuestiono aún más la pertinencia de las palabras y el tono con el que deben ser dichas. Me ha sido complejo escribir porque descubrí que la poesía es música y estoy conociéndola, aprendiendo a interpretarla, experiencia que sin lugar a dudas dimensiona con energía mi poesía y con esto no digo que abandono la escritura de poemas.

Considero que la poesía es un lenguaje exquisito. Elkin Ramírez se atrevió a hablar del lenguaje de la piel, los educadores especiales del lenguaje de señas, del braille; los románticos del lenguaje del amor; los revolucionarios del lenguaje de la resistencia y el combate; los artistas plásticos del lenguaje de la imagen; los dramaturgos, del lenguaje de la acción; los músicos, del lenguaje armónico y melódico; y así podemos identificar un sin número de lenguajes para expresar la sensibilidad, por eso, recaigo en mi opinión de que la poesía es un estado de la vida, y en ese estado, se hermana de cualquier lenguaje para permitir al humano sentir, pensar, actuar, decir. La poesía se halla en un tránsito infinito por la creatividad, lo que tal vez no sería sensato es tomarla como caballo de batalla para destruir el medio natural o intentar invisibilizar el encuentro multicultural, arribando a estados de fascismo, colonialismo territorial o étnico, xenofobia o cualquier tipo de acto que destruya.


Sobre la poesía que se escribe actualmente en Colombia, opino que es todo un mar de pensamientos y sensibilidades. Con esta afirmación, que parece simple, pero que guarda todo un horizonte simbólico sobre la producción poética, retomo algunos comentarios que se han hecho en el ámbito poético tanto nacional como latinoamericano, describiendo a Colombia como un país de poetas, pero no de lectores de poesía. Por tal motivo, me gustaría mejor opinar sobre los procesos de acceso a la cultura que se desarrollan en Colombia, o por lo menos en Bogotá, para la poesía: en respuestas anteriores había afirmado que la humanidad conoció la lectura y la escritura de manera mundial a la par con el crecimiento de la banalidad y la obtención de objetos. Esto me ha servido para reflexionar sobre la poesía, pero particularmente, sobre la impronta de la escritura y la lectura para la humanidad, toda vez que se ha utilizado como montículo para que la política de turno la enuncie con la palabra Educación, una educación que se promete pero que no se cumple ni mucho menos se desea promulgar. Con la educación se permite al humano acercarse a la cultura, acceder a ella para sensibilizar su vida, puesto que en las manifestaciones culturales se despliega el arte. De este modo, encontramos que las políticas de turno corruptas y mafiosas siempre incluyen en sus propuestas y planes de gobierno educar para la cultura o posibilitar la cultura para educar, pero se queda en ciernes siempre que de un momento a otro llegan los recortes de presupuesto o simplemente, de la manera más abrupta, cancelan programas que durante algún tiempo había logrado permitir que el humano acceda a manifestaciones culturales. De este modo, creo que los procesos de acceso a la cultura que se desarrollan en Colombia, son limitados y limitan la formación de pensamiento crítico-reflexivo para que la sensibilidad poética amplíe sus horizontes de sentido.  Colombia se destaca por un nobel de literatura y por la inmensa cantidad de escritores y artistas que han logrado, con el mayor de los esfuerzos, conocer el arte y la cultura, ya sea porque la educación que recibieron lo permitió, o porque el esfuerzo ha sido casi napoleónico. Actualmente, somos muchos los que escribimos poemas y nos damos cuenta que los lectores de esos poemas somos nosotros los que escribimos poemas. Los lectores de nuestra misma poesía son pocos cuando no, seducidos a mansalva en lecturas organizadas por círculos que acaparan toda la atención; cualquiera dirá entonces que los grandes poetas colombianos en su momento tampoco los leían mucho, y tiene razón, pero la balanza se empieza a inclinar hacia el lado en que la cultura, el arte y la educación para el humano, el humano colombiano nunca ha sido posible, ni lo está siendo. Cabe entonces identificar todos los porqués de esta situación, aparte de la condición de la política sucia y mezquina de nuestra idiosincracia. Por ahora, creo que la poesía que escribimos actualmente empieza a servir para llenar estantes, inundar océanos o promulgarnos como poetas por aquí y por allá pero sin lectores que nos referencien, esto porque el acceso a la cultura es vedado y corto.

Finalmente, diría que la poesía va por donde van casi todas las artes si no se rescatan: hacia la banalidad y la publicación mediática. Inclusive, lo que escribo podría terminar así. Las cosas existen en tanto existan humanos que las hagan existir. Pero para no caer en el fatalismo eterno, destaco con bastante ahínco los encuentros de poesía, los recitales de poesía, los festivales de poesía, las lecturas al aire libre de poesía, los promotores de lectura de poesía, los maestros que muestran a los estudiantes la poesía, las editoriales serias de poesía, los escritores sensibles y críticos de poesía, las revistas y publicaciones de poesía, y así, todas las fuerzas que luchan por mantener el arte en resistencia ante la banalidad y los intereses de la globalización mercantil que cercena el pensamiento y nos condena a vivir en un mundo mediático y pobre de contenido, porque es así como, parece ser, nos estamos acostumbrando a vivir.

Junio 5 del 2017



El invitado


Andrés Acosta Díaz, Bogotá, 1987.
Licenciado en Psicología y Pedagogía de la Universidad Pedagógica Nacional.
Docente, escritor. Autor del poemario Triptico (Editado por la Fundación Andrés Barbosa Vivas, 2012)





martes, 6 de junio de 2017

Miguel Torres Pereira. Los poemas



Miguel Torres Pereira nació en Arjona (Bolivar, Colombia) en 1960. Licenciado en Ciencias de la Educación. Biología y Química dela Universidad del Atlántico. 
Ganador del Concurso de Poesía Casa Silva en Cartagena, 1993. Premio de poesía Jorge Luis Borges (Universidad del Magdalena, 1995). Premio de poesía del Caribe Colombiano (Universidad del Magdalena, 1998). Primera mención Concurso Nacional de Poesía Gustavo Ibarra Merlano, 2005. 

Poemarios:

De luna y piel en otro Ámbito. Secretaría de Educación Distrital de Cartagena. 1996
Estación del Instante. Colección Los Conjurados. Común Presencia Editores. Bogotá. 2007

Cofundador del taller literario Encuentro con la Palabra.

Antologado en la Antología de poesía colombiana Nuevas Voces de Fin de Siglo de Gustavo Revelo, 1999.
Antologado en la Antología  de la Poesía Colombiana de Iván Beltrán Castillo. Fundación Editorial El perro y la rana, Caracas (Venezuela), 2008.
Antologado en la Antología de Poesía Colombiana Cincuenta poetas colombianos y una antología. Ediciones Caza de libros, Ibagué, (Colombia), 2010.


¿Cómo no asombrarse ante el descubrimiento de la poesía? Descifrar su melodía, su ritmo, saberla en lo cotidiano y en lo intangible, desearla como se desea la luz, amarla en su oscuridad.

Esta es la síntesis que nos presenta Miguel Torres al definir que es poesía. 

"La poesía como la expresión más alta del asombro ante lo elementalidad del instante, en el que el espíritu es sorprendido por un alumbramiento, más allá de toda lógica humana. Es la esencia de lo intangible que subyace en la cotidianidad, pero que es capaz de trascender en el tiempo y el espacio; en ella el hombre se busca y se refugia a través de coordenadas secretas que lo conducen a un estado de epifanía que revela la magia y el milagro, y en la orilla vacilante de ese milagro, se descubre y se reinventa con sus miedos, sus angustias y sus carencias. En la poesía el hombre es posible y está a salvo, porque le permite no morir del todo"

Gracias poeta, van mis afectos un abrazo. 

Mayo 31 del 2017


Desde una esquina del sueño, donde aún hay luz y la poesía es canto. Desde una esquina de la añoranza, donde un niño camina cazando lluvias. Desde el fraterno abrazo de la distancia, desde un cruce de caminos donde se levanta la poesía.

Bienvenido Miguel Torres Pereira al espacio Claroscuro. 

Poemas

En medio de la tarde 

Un largo, un oscuro salón
Tal vez la infancia 
Aurelio Arturo

En el celaje del relámpago
hallé el camino de la infancia 
un corredor apacible
un patio súbito de encantos
el escondite secreto de esos días
cantados en la algarabía de la tarde

Infancia sagrada ungida con hierbas y asombros
festejada en el filo de la luz
con una ronda de pocas voces

Solo éramos tres
anudando miedos en el reclamo del trueno
en la desolación de los espejos
en los baúles y su abandono
Solo éramos tres en medio de la tarde 
en el corazón de la noche



Lo que ofrezco al final de esta noche

Señor
Me daría igual un trino
el canto del gallo
el grito empedrado de una carreta
para romper el hilo de esta noche
que tiene sabor a miedo y orígenes
permíteme encontrar un puñado de cenizas
que me revelen para qué esta errancia
de orillas inciertas
sin rincones probables para soñar
sin estaciones para la risa y la cosecha
sin rutas para que la soledad cabalgue
y arrase a este ejército ciego de ángeles que somos

Señor
en la terquedad de mi rastro
te ofrezco lo que hallé al final de esta noche
un manojo de olores moribundos
un desvelo alucinado por la lluvia
que hiere su cuenco infinito
y esta espera larga y confesada
al ángel que ha de colocar en mis manos
un poco de aquella ceniza
que siéndome conocida
insiste en negarme.



Atrapando un poco de luz

Bastó la orilla vacilante de las seis de la tarde
para entender que aún quedaba luz
                                                   entre mis manos
Bastó el corredor apretado de penumbras
para saber que mi madre me pediría prestada
la luz que atrapé para encender su lámpara
y convocar una legión de sombras
la sombra del tinajero y su milagro cóncavo
destilando secretos lentos en el rincón
la silueta sepia de los abuelos y sus miradas vacías
la mística sombra de la repisa
y la mecedora como una sombra
                                  de recuerdos trenzados 
Ahora comprendo por qué la ventana
                                                permanece cerrada
Mamá cree que la noche apagará su lámpara 
teme que la poca luz que aún queda en mis manos
la gasten las luciérnagas para pintar su abdomen 
y la noche nos devore.


Recuerdos caminados 
                                                                                   
                                                                                         A Cecilia, mi madre

En la advertencia de este sábado
repito cada huella
cada paso andado

Llueve...
        la humedad enmohece el pan recién horneado
Un aroma de hierbas frescas
trae tu imagen grandiosa
y bebo en el último sorbo de lluvia
ese trazo de luna
                    que tejió la aurora en tu trenza

Dueña y señora de un ritual cada mañana
frente al humo erguido de la hornilla
renovándose con el aroma de una taza de café

Frente a ti
                   como en todos sus días
                   mi padre
delineando en el alar un día más
                                       un día como los otros
con penumbra de sombrero en la frente
y un camino estrecho de sol y de polvo
                                       un día como los otros
con hojas secas en el patio
y un olor a heliotropos
que bebe el manantial de la tinaja
donde aún resuena el eco
                               de tu risa
                                     y de mis cantos.


                                                        Miguel Torres Pereira 
                                                                           Estación del Instante 
                                                                           Colección Los Conjurados
                                                                           Común Presencia Editores 

sábado, 3 de junio de 2017

María Helena Giraldo González. Los poemas

Juno

Un reloj, sin afanes, marca la eternidad. Juno expía a los hombres. Decide bajar los escalones circulares del tiempo. Va  a los acantilados, a las tabernas. Lleva un hilo dorado en su pantorrilla.

Juno conjuga el verbo amar en el lenguaje de los dioses. La cansa la infinitud del tiempo, quiere morir anciana.


La grafía del sueño

La sangre como un río nos empuja, mientras el espejo nos devela el rostro de la noche ausente, dormida.

Ella es el reflejo de lo que fue y sigue siendo. Un destino golpea a la puerta que no existe.

Alguien que no vemos se acerca, y empuja la puerta. ¡Cuántas veces los mismos pasos abrazando los nuestros? ¿Cuántas adentrándonos en el jardín prohibido del sueño, el de la fatalidad?, para arrancarle a la noche sus dialectos extraños.

No hay lámparas, los pies cansados y la noche no tiene oídos.

Me transformo en un enjambre de abejas, en un unicornio azul, en un hueso prehistórico. Nadie me ha advertido que desciendo de la hormiga.

Me desnudo de todos los nombres que traía y solo restos soy, restos del diluvio, vacío sobre los inicios del mundo.



Todo vuelve al mar

Se sufre para parir un pájaro que está oculto, parir su canto y su nombre.

Llegan las precipitaciones del espíritu, un rostro descarnado somos ante el espejo, y cada noche, cada noche, se repite la escena primera.

Nada se puede retener, todo vuelve al mar, los animales del primer diluvio, el infortunio de las hijas del espino, el polvo de las estrellas, los ojos de fuego del dragón que despierta y respira a nuestro lado.

Todo es una cuerda floja sobre la que se nace.


Raíz de todas las raíces 

Una voz antigua recorre las calles estrechas del muelle. El corazón va tras una bocanada de humo que se repite, mientras la sirena de un barco anuncia la partida.

Raíz de todas las raíces, la del mundo devastado y creado nuevamente.  La inocencia vuelve a levantarse en el grito de los desaparecidos. Vuelve la vida y la muerte a danzar en un parque solitario.

Los pasos que se fueron regresan en una foto que ha desgastado el tiempo, las pérdidas se quedan en los ojos, en el invierno, en el agua detenida en un pozo.

Recuerdo oscuro que puede ser el de un tranvía que se aleja. Horizonte en fuga devorando los cartílagos. El verdugo es la muerte disfrazada en la sangre derramada del prójimo, en un hueso roto, en un anciano que se va despidiendo hasta que el alba llega.

Flaquean las rodillas, la rosa vigorosa se marchita. 
Sin embargo, la ausencia de uno mismo es la mayor despedida. 



Dádiva

Un recuerdo se vuelve hilo de araña que devela las ciudades primeras, los monstruos más patéticos, las barbaries que agotaron mis ojos.

He visto a Dios en el prójimo,
le he escuchado con voz iracunda y dulce, tan humano, tan mortal, 
tan hombre como todos nosotros, sudando y con ampollas por las largas 
jornadas sobre el mundo.

¿Qué no he visto y escuchado?

El tambor de la guerra, hombres muertos y vencidos. La voz de Dios, que es la mía, y que se extiende a la sustancia del árbol y la herida, del camino y las olivas.

Cierro los ojos y me veo en libertad, respirando el aire como dádiva.


                                                María Helena Giraldo González 


viernes, 2 de junio de 2017

María Helena Giraldo González. La entrevista


La poesía es la flor. No, la poesía no es la flor. La poesía es ver el alma de la flor.

Construirse un lugar en el mundo, reconocer la propia existencia, hacerse oír a través de la palabra.


Bienvenida María Helena Giraldo González al espacio Claroscuro.


*¿Qué es la poesía?

La poesía es una apuesta estética y ética, una manera particular de percibir el mundo, de testimoniar una época, de resistir con la palabra, lo que implica estar exiliado por voluntad propia en una sociedad utilitarista.  Pero también es una forma de nombrarse, porque hay algo más allá del poema que es del orden de lo inconsciente. La poesía es abismo y naufragio, subversión y deseo, búsqueda, soledad y silencio. Enigma siempre al limite ante el papel en blanco.


*¿Por qué creer en la poesía?

La poesía está implícita en todas las artes, es la expresión de la humanización del hombre, el triunfo de la subjetividad sobre la razón instrumental. ¿Por qué creer en la poesía?, porque va más allá de lo temporal histórico, de la ligazón de las palabras con las cosas, ideas, valores de una época, más allá de lo que se concibe como verdad. Esa es la otra vertiente del lenguaje, su relación con la poesía, que no va por la vía del logos sino por la vía del ser; muestra el vacío, el caos, la incertidumbre del hombre y su tiempo.

Para Hölderlin la poesía funda realidades, nombra lo olvidado, lo ausente, por eso concibe el lenguaje como el bien más peligroso que se le ha otorgado al hombre para dar testimonio de lo que es. Heidegger piensa que la poesía no es simplemente una manifestación cultural y menos una expresión del alma cultural, es la interpretación de los signos, de los procesos de significación que la humanidad hace a través de las leyendas, de la palabra, de lo que el hombre ha sido, la memoria de su permanencia. Entonces, ¿cómo no creer en la poesía?


*¿Qué te motiva a escribir?

La existencia misma del hombre que se pregunta por su permanencia, la ciudad, su caos, el vendedor de frutas y su subsistencia precaria, la infancia, la mujer, sus búsquedas y su lucha en una sociedad todavía patriarcal, la guerra, pero cuidando el rigor poético para no caer en el panfleto.
Igualmente, me motiva a escribir una necesidad visceral, una marca en la sangre que me persigue.


*¿Qué buscas en la poesía?

Otras voces interiores que me enseñen nuevos caminos, otras rutas, delirios y pérdidas, abismos y dudas. Otras formas de nombrar lo que ya existe. Busco en la poesía, tantas cosas que no sé nombrar y que poetas como César Vallejo, Pessoa, Borges, Whitman, Shakespeare y otros grandes, lo intuyeron; ese estar poseído por la palabra que siempre se queda corta, está más allá de la vigilia. ¿Qué busco en la poesía? Aclararme, reflexionar.


*¿A dónde te ha llevado?

La literatura y el psicoanálisis han sido un ejercicio de reconocimiento de lo que he sido y soy. Un norte, una brújula que no busca llegar a ningún lado. Sin embargo, guía mi búsqueda personal, que no retrocede a lo que dictan las musas, que para mí son el inconsciente que fluye temerario. Pero también la poesía me ha llevado a reflexionar sobre temas que me interesan.


*¿Con qué palabra te identificas?

La persistencia, aunque los tiempos sean oscuros.


*¿Qué opinas de la poesía que actualmente se escribe en Colombia?

No todo lo que se escribe es poesía. Hay buenas voces que iluminan el universo poético del país, con un trabajo escritural depurado, exigente. Sin embargo, hay una tendencia a utilizar un lenguaje prosaico en muchos otros; una poética llena de lugares comunes, a la que no se le hace ningún proceso de elaboración, hasta se llega a leer en público un poema, apenas acabándose de escribir.

Uno debería ser el primer lector de lo que escribe y también el primer crítico. Estamos en una sociedad en la que no prima la critica literaria como una oportunidad de crecer poéticamente. Lo que se escribe no tiene que gustarle a todo el mundo. Habría de distinguirse que criticar un texto nada tiene que ver con la persona del escritor o el poeta. Tal diferencia, parece ser difícil de asimilar, puede más el amor propio , ser conocido como poeta, y no tanto, la imperiosa necesidad de jugarse la vida en la escritura.


*¿La cultura en general y la poesía en particular aportan positivamente a la construcción de individuos y sociedades?

En una sociedad que ha excluido las humanidades de las universidades es imposible pensar la poesía como un ámbito privilegiado para formar individuos. El capitalismo ha trastocado los valores, ha suplantado la cultura que diferenciaba a los individuos y las comunidades, sus ritos y tradiciones; ha masificado el conocimiento en torno a la producción. El fin de lucro ha convertido la poesía, la literatura y las artes en general, en un bien de lo inútil.

El campo educativo sería el escenario privilegiado para poner a los educandos en contacto, no solo con la poesía sino todas las artes como eje central, para que desde ellas existan como sujetos autónomos, críticos.

La cultura y la educación pueden aportar a la construcción de individuos cuando incentiven los valores éticos y estéticos que conviertan a las artes, y por qué no, a la ciencia en general, en una brújula, que fomente en niños y jóvenes el pensar por sí mismos y puedan asumir una posición política, que desde Hannah Arendt, sería la de apropiarse de la palabra y representarse a sí mismos, diferente a la ética gregaria de seguir a otro.

Es pensar la cultura desde una postura incluyente, basada en la diferencia y en el consenso, no en criterios absolutistas e inamovibles. Crear escenarios para resistir con el pensamiento y la palabra a las estructuras dominantes, debería ser el papel de la cultura y de la educación.


*¿Consideras qué en nuestro país hacen falta más mecanismos que promuevan la formación de valores a través de la poesía?

Desde la República de Platón,  hasta las ciudades modernas, al poeta se le quiere fuera de la ciudad porque muestra las emociones, el vacío, los abismos de lo humano; Promover la formación de valores en la poesía se hace imposible en una sociedad que busca mostrar a un hombre seguro de sí mismo. Igualmente, la poesía es subversiva, confronta y reflexiona y a las estructuras dominantes no les interesa que se promocione la poesía.

Lo que si se promueve con esmero son los deportes, la música, ellos no cuestionan a nadie. Promover la formación de valores a través de la poesía no es algo que llame la atención a las instituciones culturales del estado, a no ser que los poetas lo hagan a título personal.


*¿Creas un ambiente especial a la hora de escribir?

Las musas no nos visitan tan frecuentemente como quisiéramos, pero es bueno esperarlas trabajando, revisando textos. Para la escritura, el ambiente especial sería estar predispuesto, tener un lugar adecuado para esos momentos de lectura y escritura; aunque muchas veces, algo que se ve o se escucha puede dar inicio a un poema y ahí es donde sería bueno tener una libreta y un lapicero a mano, no importa el lugar donde se esté.


La invitada



María Helena Giraldo González.
Psicoanalista, poeta y ensayista nacida en Filadelfia (Caldas).

Primera mención Concurso Nacional de Poesía Porfirio Barba Jacob de Envigado en el 2009 y en el Concurso Nacional de Asmedas 2014.

Publicaciones en la revista Ciudad, meFisto, Universidad de Medellín. Periódicos: Confabulación y revista Virtual Latinoamericana LaOtra. Antologías a nivel nacional e internacional.

Publicaciones Colectivas:

Octámbulos I 2006
Octámbulos II 2016
Una lúcida embriaguez la de Aquiles y Socrátes en el libro Literatura e poéticas do Imaginario de la editorial de la Universidad estatal del oeste de Paraná (2013)

Libros Individuales:

Lobos incendiarios (2007)
La ciudad de tus ojos (2012)

Libros por publicar:

Solo vine a ver el jardín
Los rostros de la incertidumbre
El paraíso que buscamos no está afuera
Náufragos
Los viajes de Penélope (Novela) Libro Colectivo

Pertenece a la tertulia Los Octámbulos hace trece años y hace parte del Colectivo Voces al Sur



martes, 30 de mayo de 2017

Orietta Lozano. Los poemas


          "Escribo para ver el resplandor"
                                       Orietta Lozano 


Orietta Lozano nace en Cali, Colombia. Su obra incluye poesía narrativa y ensayos literarios.

Libros publicados:

La herida de los siglos. Editorial Ibañez, 2017
Albacea de la luz. Editorial Cuadernos Negros, 2015
Resplandor del abismo. Universidad Externado de Colombia, 2011
Peldaños de agua. Editorial Caza de Libros, 2010
El solar de la esfera. Universidad del Valle, 2002
Luminar (novela). Universidad del Valle, 1994
Antología Amorosa. Editorial Tiempo Presente, 1996
Alejandra Pizarnik (ensayo). Editorial Tiempo Presente, 1990
El Vampiro Esperado. 1987
Memoria de los Espejos. Editorial Puesto de Combate, 1983
Fuego Secreto. Editorial Puesto de Combate, 1981

Ha sido incluida en diversas antologías, entre ellas:

Poesía colombiana (antología 1931-2005), México, 2006
Una Gravedad alegre, poesía Latinoamericana, España, 2007
Mundo Mágico: Colombia, poesía colombiana. Brasil, 2007
Silencio en el jardín de la poesía. Colombia, 2012
Azul casi púrpura. 2017 (antología d poetas mujeres)

Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus, con su libro de poesía El vampiro esperado.

Invitada a Francia a la XIII Biennale Internationale des Poètes, y por la Fondation Royaumont, por Latinoamérica al Seminario de Traducción de Poetas extranjeros para la traducción de su libro Agua Ebria.


El poema es el aire que pasea por la casa, la casa no posee puertas ni ventanas, ni techo ni cimientos. La casa es agua que corre y tiempo detenido. El poema y la casa son infinitos, íntimos y abiertos a la vista de todo aquel que quiera entrar.

Bienvenida  Orietta Lozano al espacio Claroscuro.

Poemas


Orfandad

En la orfandad del silencio
no espero la respuesta,
hurgo, como el águila hurga el aire de su vuelo,
porque la palabra que retorna,
es el cristal donde la luz restalla,
déjame decir en el solar del árbol,
dos sílabas de pájaro temblando.
Acaso estás tan ausente en mis tendones, 
tan herido de las yedras de mi pausa,
tan silencio en la espina dorsal de mis palabras,
tan ido de mi lado, tan éxodo por mí, 
tan encallado en mí
como ramas temblando de granizo.


Y un día, después del ayer y antes del mañana,
nos podamos encontrar
para arribar por siempre en la azul orilla
de la aurora.
Por ahora, sueño la tortuga
que arrastra la casa hacia su piedra,
los lobos en cardumen,
los peces en jauría;
el cuerpo vuelto arcilla,
en la epidermis de la esfera.


Escribo
como se traza un mapa de membranas,
para que mi aurícula no se piense rota,
y mi hueso sacro no delire espera;
porque de migajas se hace el pan,
reclamando migajas, escribo
delante de nueve cartas que se juntan,
hacia atrás del tiempo en contravía,
a unas horas de regreso,
en las mañanas antiguas del futuro;
como la yedra que hoy se inicia 
y empieza a recordarnos.




Estrellas en la niebla

Me vestí con el mismo traje de tu muerte,
y tal vez más desquiciada,
queriendo hallar doble recuerdo,
tomé la mano de mi hija
y la ovillé como si fuera un hongo
o una hoja de papel, en la que no alcancé a escribir;
me hundí con ella,
en el leve vapor del horno
que me legaras en la mañana de un invierno.
Cerramos los ojos, y el mundo siguió hurgando,
buscando gusanos de zafiro.

Del cuervo y la multitud te salvo,
Sylvia Plath,
sé que quieres escapar de las promesas,
encontrar tu agua oscura
y venir a mi legítimo silencio.
Yo, Aissa Wewill,
esta mañana, he cambiado
la abyecta hora del reloj,
ahora estoy subiendo las escaleras de tu aldea,
¡vamos, Sylvia,
dispárame!
hallarás tus ovejas en la niebla.




El poema sueña con la lluvia

Lanza sus dados como rayos
en la confusión de ángeles de arcilla,
y con un rostro eterno de secretos
inclina el poema, como una migaja ciega
hacia las noches que curvan sus manos
para retener como agua,
el clamor del silencio.

Su risa es la aguja
que se introdujo
en el punto exacto
del desierto de mi noche.
Página escrita en la línea de la sombra.

El índice de un ojo
suspende el tiempo.
Sobre el espacio frío
signo y sello, luz de un ángel.
Los dados caerán paralelos
a la orilla del vacío.

Detrás del silencio, canta la lluvia
como el ángel de la melancolía.
La luz que sale del silencio,
retorna al silencio.
En el ensueño de la memoria,
el poema es lluvia
sobre las manos de la noche.




Melancolía

Una niña con alas de hojalata,
trae palabras de hojalata
que crujen de amargura,
palabras desnudas con dedos azules,
palabras que perdonan.
Las da de alimento a los corderos,
las hunde en la carne del rebaño,
les entierra un alfiler en las arterias,
las vuelve alga, barro, mariposa,
tristes en sus manos,
suaves en sus huesos,
caen como lluvia,
se dejan ver entre la niebla,
se arrojan como ráfagas
desde un puente o una nube,
y ante el tridente ansioso, aúllan.
A veces en el filo del cuchillo,
se encuentra una palabra arrodillada.
La noche toma en sus manos,
el agua huérfana, que pide ser ángel,
que pide ser lámpara, que pide ser llave.
Cada palabra abrió su ojo,
vertió su luz.




Azul casi púrpura

Es la más peligrosa forma de la gracia.
Penetra la redondez vacía de la nada,
la grácil curva de la piedra,
la hondura feroz de la caverna.


Casi azul, casi púrpura,
cubierta con su túnica líquida
larga y extraviada,
trae consigo la estatura de la lluvia.
En un tiempo
sólo estaba ella y su palabra
en el jardín tibio de la tierra.


Burdas hordas, cínicos avaros
ejércitos voraces
arrebataron su caricia líquida,
el horizonte de su lágrima,
el viento que cabalga en su espalda.


El azahar de un día luminoso
la ha despertado
bajo el influjo del olvido.


Agua densa de la ira,
irisada agua del deseo,
yerta agua de la luna muerta,
agua circular y vaporosa del pantano
que se fuga y se borra
entre el presagio de un cuchillo;
agua oscura casi blanca
que espera entre las manos,
agua del temor que se esconde
y precipita,
agua de la oblicua culpa,
de la memoria de la espina,
agua sorda sobre el rostro
del silencio,
agua ciega sobre la escritura
del espejo;
agua que lava las heridas,
que repara,
que abraza y configura
la forma de los cuerpos,
el peso de la muerte.



                                                                         Orietta Lozano




domingo, 14 de mayo de 2017

Patricio Sarmiento Reinoso. Los poemas

Te invento mujer

Te invento mujer, en un quejido desquiciado, casi clandestino y errante, te mezclo con estrellas de miel o labios, para formar una masa infinita que resplandece y cede al tacto, con la cual me unto los ojos, los pies, el silencio, convocando tu piel transparente: mi Edén.

¿Quién dijo que provienes de costilla alguna? Pues desciendes del sol, de las raíces del universo, de la eternidad de un segundo, pero provienes también de mis latidos trasnochados y sedientos, mujer de aluminio o marfil, quiero saborear el idioma de tu pelo: aquel bosque de pequeños relámpagos apagados.

Te invento mujer prodigio, livianísima lluvia de palomas convertida en beso, mujer de estertores nocturnos, que tiñen de fuego y temblores minerales mis sentidos, te inventaré descalzo cuando tu volcán en flor me lo pida, cuando tu deseo crepite, y evapore la necesidad de mi cuerpo perdido.



Tu nombre

Tu nombre es rostro o camino, sombra apenas.
Se ha transformado en grito tu memoria
un grito asfixiado y sin oleaje
que derrama horizontes pensativos
detrás de la ventana del olvido.

Tras la ventana hay nuevos rostros
o nombres o párpados, hay deshielos,
una sutil vibración de golondrina,
hay asteriscos atascados
y tildes transparentes,
hay sin duda ese extraño mediodía
donde llovieron las letras de tu nombre.

Tu nombre es campo de batalla, apenas muero...



Llegas 

Llegas desplegando mi tarde en tus mañanas, acentuando tus pasos recién plantados, recién limpios de rocío y caricia; llegas mojada de hojas y de trueno, me insinúas en un abrir y cerrar de orillas, que tu deseo petrificado es manantial o cascada.

De silencio se pueblan tus miradas ya habitadas, se detienen a mares cuando llegas, y tus ojos, me miran y respiran reflejos transparentes, transeúntes distancias que fingen ser llama o latido.

No hay mejor agonía que cuando llegas, y explotan tus esporas monosílabas al sur de mi cama, suspendidas entre tus muslos y mi ventana; tu desnudez fugitiva me hace señas, se detiene, se da vuelta, se derrama, y convive en mi piedra, mientras llegas...



Palabras

Inquieto resplandor de arcilla
emana el poeta

sangre de letras y árboles y pestañas
que giran el nombre del agua
y transfiguran piedras pensativas
en palabras

un relámpago suspira luces y pájaros
la noche se desviste y canta
tu poesía finge ser esquina o entraña
acaso verso, recuerdo, o camino
yo la recorro y la leo sin ojos
sólo con ventanas
por donde ingresan tropezando
tus palabras

al pie de un mundo me siento y escribo
desde adentro me veo en gemidos
la letra es tiempo
es latido llorando luz, o ladrillo
escribo colgado de la tierra
una vocal estalla
en mil palabras

Tranquila mirada de sangre
bebe el poeta...


                                                                  Patricio Sarmiento Reinoso